Hoy contamos de nuevo con una colaboración del Mtro. Juan José Prado Viramontes, actor, dramaturgo, escritor, comediante, director teatral, formador de jóvenes actores, poeta, con una sólida trayectoria y muy reconocido en nuestra ciudad por su intensa actividad de décadas en el contexto del teatro. Según una nota de la Universidad de Guanajuato: “El Mtro. Juan José Prado Viramontes inició su actividad en el teatro universitario en 1965 bajo la dirección del Mtro. Enrique Ruelas, en donde destacó por su pasión, vocación y disciplina.” Es muy querido por sus alumnos, colegas y contagia su entusiasmo y gran sentido del humor cuando se presenta en público e incluso lo manifiesta en su vida cotidiana. Actualmente es Coordinador de la Tertulia Juan Valle, con sede en la ciudad de Guanajuato, la cual pertenece a la Red Estatal de Tertulias Literarias Guanajuato.
A MI MEJOR AMIGO
Hace unos días, iba a tener un cumpleaños fenomenal.
Ese día fue diferente, pues sabía que me vendrían a visitar;
no era un día como los demás: no, no era normal.
Estaba el día nublado y llovía sin parar.
Me paré muy temprano. Creo las diez iban a dar.
Pero yo lo sabía: para mi tenía que ser diferente.
A mis hijos y mis amigos invité a mi casa a celebrar.
Hasta la lluvia creo que la sentía caliente.
No había prisas, pues como a las dos, mi visita llegaría.
Mi esposa, un enorme abrazo me dio.
Me bañé con calma, y afuera sí que llovía.
Un hermoso suéter y unas pantuflas nuevas me regaló.
Un riquísimo desayuno me preparó.
Unos huevitos con machaca, unos frijolitos con queso
y un juguito de naranja me ofreció,
aderezado con su sonrisa y un gran beso.
Me vestí con mi mejor camisa, la de flores negras con rojo,
y mi más cómodo pantalón, unos zapatos bien boleados,
y un sombrero elegante, pues era muy de mi antojo.
Y mi cabello, aunque escaso, estaba muy bien peinado.
Una llamada por teléfono del sillón me levantó.
Era mi hija la mayor y no iba a poder venir,
porque que mi nieto otra vez de la cama se cayó.
Al médico llamaron y por la lluvia a su casa apenas iba a ir.
La lluvia arreció y la noticia nos impresionó.
Luego nuestro otro hijo en ese momento por celular me llamó,
A su suegra unas palpitaciones y temblores le dieron.
Se resbaló en la cocina y con la sopa toda la ropa se ensopó.
Toda una tragedia y tampoco iban a poder venir.
Mi esposa preocupada, luego de otra cosa me avisó:
que su prima la monja con su amante gay trato de huir.
Y a su madre casi un infarto le dio.
Y, para acabar, que sucede otro drama familiar:
que sus tíos que iban a venir, se pelearon,
y el tío disgustado ya se había ido a dormir
y así los dos molestos en su casa se quedaron.
Me dio pena la cara de tristeza de mi mujer.
Los manjares ni los habíamos de angustia probado,
Pensó que la fiesta se había acabado
y lo peor es que ni siquiera había comenzado.
Y así dieron las tres y solo estaba mi esposa adorada,
y yo que por las malas noticias lucia muy preocupado.
Pero era, más bien, la tristeza de mi fiesta por ella planeada
y la soledad y el ánimo apagado.
Pero cuando la lluvia caía como el peor castigo
a la puerta timbraron y fui a ver quién había tocado.
Era mi amigo, ¡mi mejor amigo!
a quien, en la lista de invitados, había olvidado.
Ante la puerta ahí estaba, bien mojado;
y con un regalo que con su abrigo había protegido.
Y me dijo, muy emocionado:
“¡Felicidades, mi amigo querido!“
Mientras un abrazo húmedo me dio, me dijo:
“¡Que hoy todo sea alegría!
Y que esta agua maravillosa sea de regocijo.
Yo soy tu San Juan Bautista por todo el día.
Ni creas que de ti me olvido.
“Dispensa que venga así mojado.
Pero es una fecha que nunca olvido
Y perdona que llegue sin haberte avisado.“
Le quitamos su saco empapado.
Le he prestado otra camisa y pantalón.
Un suéter le pusimos y el pelo le hemos secado.
Y lo acercamos a la calefacción.
He buscado tu regalo durante meses.
“No solo es por nuestra amistad.
Es éste el regalo que te mereces.
Te lo doy con toda mi cordialidad.”
“Pero está lloviendo”, le dije, “¡está diluviando!”
“¡Y qué! No me encojo, ni que fuera una señorita.”
Nos fuimos a la sala para irnos calentando
y le pusimos mis pantuflas favoritas.
“¿Cómo te arriesgaste así a venir
con esta lluvia de muerte?”
“Por ti, mi hermano, yo podría morir.
Pocos amigos tengo y a ti no quiero perderte.”
“Así como me brindaste este abrigo,
yo también predigo
que para tener buenos amigos.
hay que saber ser amigo.
Mi hijo me iba a traer
¡y su mujer se acaba de caer!
Se descoyunto varias veces
y ya no se pudo mover.
La lluvia comenzó y yo sin auto para venirte a ver;
pero cuando a la calle me asomé y en la lluvia estaba parado
un buen amigo conocido en su auto un raid me ofreció traer
y así me pude venir con el regalo que te había comprado.
Y es la novela de tu amigo que querías autografiada,
y aquí está, con su firma bien grabada,
y la dedicatoria yo la puse con tinta dorada.
“Para mi amigo, con mi amistad a pulso forjada.”
“Déjame que corrija, debe decir: ‘Para mi Hermano”.”
Y luego con gran cariño nos abrazamos.
Realmente no fuimos los dos los que nos abrazamos.
Fuimos los tres, como una familia de hermanos.
Y así un año más, el universo nos había reunido.
Y reímos, comimos y bebimos divertidos.
Recordamos aquellos nuestros tiempos idos.
Pero lo mejor no fue el regalo que yo había querido.
Fue el amigo, quien, sí vino.
Aquel que no había invitado,
Y, más que un amigo, es mi hermano.
Y que por un descuido lo había olvidado.
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