El taller literario Paracetamol, a veces nombrado en publicidad en forma de fotocopias como “terrorista”, tiene alrededor de un par de años operando dentro del restaurante La vida sin ti, en la calle Sostenes Rocha s/n, col. Centro, abajo del conocido Bar Fly, en la ciudad de Guanajuato, propiedad del poeta y cocinero Oliverio Macías. El taller es liderado por el estudiante de Filosofía de la Universidad de Guanajuato Zauriel Alejandro Martínez Hernández, quien últimamente ha firmado sólo como Zauriel, y es secundado por el egresado en la Licenciatura en Letras Españolas de la misma Universidad Iván Mata. Ambos conocieron por primera vez el lugar cuando, el viernes 17 de octubre de 2020 leyeron poemas allí. Iván como invitado especial y Zauriel como parte de los autores antologados en Las buenas nuevas (Monave A. C., 2020), evento que se hizo como réplica de otros que se habían hecho en otras ciudades en torno a la que fuera una novedad editorial. Ese día, en el que había un público que abarrotaba el lugar, Zauriel sacó (en lo que fue interpretado colectivamente como un acto fantoche) un cigarro de marihuana y lo prendió, causando la molestia de los presentes. Aunque se pensaba llamar a la policía para solicitar su expulsión del lugar, fue el mismo propietario, Oliverio Macías, quien estaba sirviendo las cervezas a los comensales, quien lo regañó de forma tajante y le pidió que en su restaurante no hiciera “esas chingaderas”.

Cartel promocional del evento supradicho
Posteriormente en 2022, ante no tener la posibilidad de localizar otro lugar donde operar, ambos personajes hablaron con el propietario para llevar allí un taller literario, en el entendimiento de que ambas partes podías beneficiarse, pues el local ha estado siempre relacionado con la visita de profesores de Letras de la Universidad de Guanajuato, así como estudiantes de la misma institución, y los asistentes al taller podrían hacer consumos del bar. Además, el local cuenta con un estante de libros de literatura y otras disciplinas que están al acceso de los consumidores, lo que le da un aire bohemio a la vez que “letroso”, como se dice coloquialmente.
Según opinión crítica de algunos de quienes han asistido al taller, todos ellos escritores con aún mucho menos capital simbólico y cultural que los talleristas, más que un taller en el estricto sentido de la palabra, es una especie de club donde se leen y comparten textos escritos en verso, a la vez que se convive. Cabe señalar que ninguno de los dos talleristas, tanto Zauriel como Iván, cuentan con la preparación técnica para ejercer el trabajo de análisis, crítica y transmisión pedagógica del conocimiento implicados en un proceso de esta naturaleza. Si bien Iván egresó de la Licenciatura en Letras Españolas, siempre expresó que las materias estrechamente relacionadas con el estudio de la creación, análisis e interpretación de literatura le fueron de gran dificultad y, tras mucho esfuerzo, logró acreditarlas con la calificación mínima (Poética, Retórica, Estilística, Formalismo, Hermenéutica, Estructuralismo, Crítica y Exégesis, de aquel entonces programa del Letras Españolas). Dado que logró entrar a la facultad en su segundo intento, luego de haber sido el único rechazado de esa promoción, sabía que no podía desaprovechar la oportunidad y se empeñó mucho. En realidad, en lo único que destacó fue en la representación de árboles sintácticos, ejercicio mental que, mediante la concentración en un actividad focal, lo hacía reducir los niveles de ansiedad que le provocaba un enamoramiento no correspondido que sentía por un tal Octavio, residente en la ciudad de Guanajuato, y a quien le dedicó un poema de su libro Soy zebra (2021). De hecho, Iván se tituló con un informe de prácticas profesionales en donde ejerció la promoción de las letras entre alumnos del bachillerato SABES, oportunidad que tuvo luego de que le había sido ofrecido un empleo parcial como tutor educativo para la Secretaria de Educación de Guanajuato (SEG), por un poeta muy reconocido que era alumno en esos tiempos en la misma facultad. Tal informe incluyó una justificación teórica a posteriori, tras recibir una asesoría de la Dra. Aurora Bribiesca, habiendo pagado $6, 500 por el derecho a esa posibilidad y sólo porque se abrió esa modalidad que antes de eso no existía. Por otro lado, en realidad, mientras Iván participó del Taller Literario Universitario de la Universidad de Guanajuato, coordinado por el Mtro. Jesús Aragón, se jactaba de sólo asistir por hacer vida social y que nunca hacía caso de las observaciones críticas que hacían los demás alumnos a sus textos. En el caso de Zauriel, tampoco tiene ninguna preparación relacionada en absoluto. De hecho, escribió en un autógrafo de su breve conjunto de estampas narrativas Díganle adiós al ratón (2022): “la poesía no es un cadáver taxidermizado”.

Mensaje autógrafo de Zauriel en una de sus publicaciones
Esto en obvia ignorancia de los conocimientos necesarios para realizar un trajo crítico profesional de una obra escrita que pretende ser artística; además, obviamente, de las destrezas relacionadas con el ars pedagógico: es decir, la capacidad para transmitir el conocimiento al tallereado. En tal sentido, puede ponerse como buen paradigma actualmente a las tutorías de Balam Rodrigo (poeta con una enorme cantidad de premios en su haber, incluyendo el prestigioso Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, que se considera el más importante a nivel nacional en el rubro de poesía), facilitador del Seminario para las Letras Guanajuatenses en el área de poesía de este año y que aún continúa en operación. Tal poeta trabaja precisamente como debe hacerse en un verdadero taller literario digno de llamarse tal, pues recordemos que la palabra taller, en su segunda acepción del Diccionario de la Real Academia española (DRAE), se define como “Escuela o seminario de ciencias o de artes” (lo cual está ausente del taller Paracetamol). Un tallerista auténtico, tal como lo hace actualmente Balam Rodrigo para el Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, pone atención concentrada en cada una de las partículas léxicas e incluso a letras de una palabra y oración, una por una, con el fin de detectar fonemas próximos que produzcan disonancias; atención a los ritmos dados por la puntuación, las cesuras, los cambios de verso y los encabalgamientos (o su ausencia de manera coherente, premeditada, con una intensión semiótica); condensación y economía expresivas; perfecto manejo de la sintaxis, la gramática, la puntuación y la ortografía, entre otros aspectos a partir sólo de los cuales puede decirse que se trabaja con un material estético. Este problema de falta de rigor enfrentó alguna vez a Iván Mata con Zauriel, ya que se quejaba de que el segundo llegaba “bien mariguano a las sesiones” y en su aplanamiento actitudinal y fugacidad dadas por la intoxicación aguda por la hierba, no hacía uso crítico de la palabra y sólo replicaba los textos con comentarios como: “está bien”, “está chido”, “me gusta”. Y es que, efectivamente, en realidad, los comentarios generales en este taller suelen ser de este tipo: impresionistas, sin fundamentos en las preceptivas de la poesía, incluyendo por supuesto las de la poesía libre, pues ésta no se salva de la atención a la eufonía, la prosodia, el uso sugerente de imágenes, la capacidad expresiva de las asociaciones, el diálogo o intertextualidad con escrituras previas y las pretensiones de innovación que el nuevo texto ensaya.
A continuación se dieron varios incidentes turbios en el interior del grupo, como muchos días en los que no asistía nadie a taller; y el hecho de que Iván atacara un día a su novio Erick en plena sesión, por lo que Zauriel lo funara en Facebook, a lo que Iván sólo contestó “Ok…” y anunció que iba a fundar su propio taller. A los pocos días, no obstante. la relación entre ambos en torno a este proyecto se había restaurado pues, desde que se conocieron en 2018, han estado en una relación a veces muy estrecha, pero ambivalente, tóxica y configurada por un lazo determinado por el compartimiento pasado y presente de experiencias relacionadas con la precariedad, el sexo, el uso conjunto de drogas y el acompañamiento en sus soledades.
El caso es que, luego de unas semanas, según informantes, empezaron a vender drogas como marihuana y metanfetaminas, incluyendo fentanilo, en el restaurante. Del mismo modo Zauriel (todo esto apoyado en informantes a través de redes sociales) empezó a comercializar con este tipo de drogas entre alumnos de las carreras de Letras y Filosofía de la sede Valenciana donde es estudiante, algunos de cuyos clientes eran menores de edad de primer ingreso, foráneos, de bajos recursos, que se enganchaban con las poderosas metanfetaminas. Si bien se tenía conocimiento colectivo de que Zauriel traficaba con marihuana desde el 2020, una fuente reveló que estas metanfetaminas le eran proporcionadas para la reventa por otra pareja sentimental de Zauriel con la que tenía también una relación tóxica y que figura en Facebook con el pseudónimo de Pos Îs (con acento circunflejo en la I), quien, de acuerdo a informantes, ya había sido detenida hace un par de años por una posesión importante de drogas y, luego de ser sentenciada, accedió a la libertad condicional tras el pago de una fianza, a pesar de lo cual siguió implicada en el narcomenudeo, siendo su punto de entrega personal atrás del Edificio Central de la Universidad. También se recabaron pantallazos de mensajes públicos en Facebook entre estos sujetos implicados y/con sus clientes donde abiertamente se hablaba de estos intercambios de drogas en puntos como “El vagón del tren de la ex Estación” o “Las vías del tren cerca de la casa de Iván”.
Debido a la presión de un grupo de alumnos de la Sede Valenciana de la Universidad de Guanajuato, interesados en que no se comercializara con drogas en el interior de este centro educativo, una vez advertidas las autoridades municipales que resguardan el edificio, se procedió a entablar una denuncia el Ministerio Público. En esos días aparecieron en los cubículos de los baños de hombres de la Sede Valencina y del Edificio Central de la Universidad de Guanajuato pintas con marcador con la leyenda #ZaurielNarco, mismos que eran borrados al poco tiempo por el personal de limpieza institucional con aguarrás, siendo esto algo de rutina para ellos, pues es común que se rayen las paredes de los compartimientos privados de los baños con todo tipo de frases, como sucede en baños públicos y de lugares públicos de cualquier tipo. En relación con la denuncia penal, como se trata de Delitos Contra la Salud, la figura de acusador corresponde a la sociedad, si bien sí se registra el nombre del denunciante, el cual es mantenido en secrecía para la parte acusada. En este sentido, no debe extrañar que al interior de las 55 páginas de las investigaciones de rutina realizadas para recabar información, se lea: “La sociedad Vs. Zauriel A. Martínez Hernández”. La investigación se inició el día 26 de junio de este año, integrándose la carpeta *****/2024, remitida, debido a que contaba con suficientes elementos de prueba que hacían razonable la probable actualización de la figura delictiva de Delitos contra la Salud por parte de los señalados, a la Agencia Investigadora 15-UTCO9 de Guanajuato, quedando a cargo de las respectivas diligencias el Agente del Ministerio Público Investigador IX, de la Unidad de Investigación de Tramitación Común, Zona “A”, de la Fiscalía Regional “D”, quien proporcionó una copia de todo el expediente aludido, previa acreditación como periodista.
Según lo conocido previamente, a partir de consultas con la misma Defensoría del Ministerio Público, procedería a la denuncia un cateo in fraganti para determinar si había posesión ilegal de sustancias ilegales a cargo de los imputados o en el lugar señalado como sede del narcomenudeo. Iván Cruz Mata fue investigado como presunto cómplice. No obstante haber tenido conocimiento los Agentes Investigadores del Ministerio Público de que el taller Paracetamol operaba los días martes y miércoles de 5:00 a 8:00 p.m., por información dada por el propio Iván Mata en sus redes sociales, y que entonces la enfermedad aguda del dueño, Oliverio Macías, por un daño hepático debido a un alcoholismo de décadas, así como la cercanía de la temporada de vacaciones estudiantiles de verano, iba causar que las actividades del “taller” se reanudarían hacia la tercera o cuarta semana del mes de agosto, como ocurrió el año pasado, elementos ministeriales, vestidos de civiles, pero con potentes e intimidantes armas largas reservada al Poder Judicial hicieron una primera irrupción e inspección del restaurante, la cual fue evidentemente errática, pues no había información de que los inculpados estuvieran en esos días, pues, además se hacerlo en vacaciones, los ministeriales fueron además un día lunes.
La sección de investigaciones cibernéticas del Ministerio Público encontró que la presunta mujer que proporcionaba las drogas para esta presunta red de narcomenudeo restringió su perfil de Facebook. Iván Mata tuvo mucho temor y llamó aterrorizado a su mejor amiga indicándole que alguien los había señalado como narcomenudistas. Según la opinión de esta chica, Iván no podría estar implicado tan directamente con este asunto pues “nunca tenía dinero”, pues lo que se puede ganar de la reventa de una grapa de metanfetaminas del menor gramaje, que vale 50 pesos (el cual ya escasea mucho, siendo reemplazado por el de valor de 100 pesos), que es la dosis más común entre estudiantes precarizados que presuntamente eran sus clientes habituales, es una cantidad de 10 pesos por unidad a lo sumo. En ese sentido, por su terror, Iván no salió de casa durante varias semanas, sufriendo más de “los tres ataques que supuestamente le dan por semana y que le controlan inyectándole opio (paráfrasis)” (hecho último que es evidentemente una fantasía, pues el opio dejó de usarse en la medicina hacia la tercera década del siglo XX, sus derivados sólo sirven para el dolor y control del impulso a toser (antitusivos) y para controlar un ataque agudo de pánico el protocolo indica como la primera opción recomendable el diazapem y en caso de que no se tenga, cualquier otra benzodiacepina de preferencia el alprazolam), hecho que “confesó” en su Facebook personal tras ver una película acerca de un caso de ansiedad que causó muchos memes este año. En una especie de investigación periodística por inmersión, un tanto a la manera del periodismo gonzo, este reportero se relacionó con múltiples personas que figuraron como informantes en las redes sociales de cada uno de los implicados en este caso, así como en el Grupo Paracetamol de Facebook, a partir de lo cual se obtuvo la información de que, Pos Îs, también aterrorizada de que pudiera ser regresada a prisión esta vez sin derecho a fianza, pasó cuatro días en su sofá inyectándose metanfetaminas de manera intravenosa, sin comer ni sin dormir. Su mejor amiga la rescató de esta situación: la llevó a su espacio, le pidió que se bañara, le dio sueros y caldos para hidratarla, le preparó abundantes comidas y le estuvo comprando analgésicos para el malestar general que se siente luego de dejar de consumir una droga química tan agresiva como las metanfetaminas, lo que se le llama comúnmente “malilla”. Dentro de esta inmersión gonza, se sobornó a uno de los “más cercanos amigos” de Iván Mata para solicitar su teléfono personal. A este sujeto, se le ofrecieron 50 pesos para una grapa de cristal (la metanfetamina más común en el mercado mexicano), pero pidió “el doble” (literal): cien pesos, y el trato se cerró. Al comunicarnos con Iván vía WhatsApp, para solicitarle una postura de rutina como es el rigor profesional en estos casos, dijo, en un sintaxis tortuosa y anómala, que ese problema legal ya lo había resuelto “la abuela de su novio Erick que fue magistrada”.

Extracto de una conversación vía WhatsApp entablada el 22 de agosto de 2024
No obstante, su mejor amiga indicó que Iván estaba muy impresionado y perturbado de la forma en que este periodista había conseguido su muy nuevo número de teléfono personal. Incluso Iván dudó seriamente de su mejor amiga y se crearon rumores absurdos en el interior del grupo Paracetamol. Iván estaba tan irritado que le dijo a su mejor amiga que “ya no sabía en quién confiar, quién estaba de su lado y quién no”. Además de tener Iván gran fama de mitómano, parece extrañísimo que el nieto de una figura judicial de tal envergadura, una magistrada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que durante décadas ganaban más que el mismo presidente de la República, viviera en una pobreza severa al grado de muchas veces no tener dónde dormir. Por lo demás esto no tenía ningún correlato, ni siquiera entre las fechas de los diferentes extremos y cruces de las enunciaciones con la materialidad del expediente relativo. Por otro lado, es significativo cómo Zauriel, acostumbrado (tanto él como las pocas personas más allegadas a él) a despotricar en Facebook acusando a gente de asuntos muy graves por simples diferencias o sentimientos de odio, esté mostrando hasta el momento en tal red social, sobre este caso que de hecho conoce, un mutismo completo, sin la menor referencia, a partir de lo cual cabe la hipótesis de que está consciente de la gravedad del caso y la necesidad de proceder con cautela, no deseando que se vea implicada más su mala imagen de pretendido escritor, al sumarse este nuevo caso judicial a los otros procesos judiciales que enfrenta en su contra en materia de orden penal y civil. A partir del conocimiento del dueto señalado como presuntos narcomenudistas de que la autoridad judicial estaba tras su localización personal, ellos, como administradores del grupo de Facebook del taller Paracetamol, cambiaron su configuración de “pública” a “privada”, no obstante no poder reconocer nunca todas las personas dentro de él que estaban filtrando información si no soló a una, pues el grupo cuenta con casi dos centenas de integrantes, distribuidos en diferentes partes del estado y la República, lo que es una cifra evidentemente superlativa a quienes suelen asistir a sus sesiones, contándose sus integrantes, rutinarios o esporádicos, en un poquito más de una decena.
Liga al grupo de Facebook de “Paracetamol”: https://www.facebook.com/groups/1052441829288522/?ref=share&mibextid=qtnXGe
Según la investigación correspondiente, Oliverio Macías, propietario del restaurante La vida sin ti, fue interrogado ampliamente dos veces. No negó los hechos. Pero tampoco los confirmó. Efectivamente reconoció que conocía a ambos implicados (Zauriel e Iván) y que les permitía reunirse allí con motivo del supuesto taller, cuyos alumnos solían llegar más bien tarde, hacia la seis de la tarde, consumían acaso una cerveza o dos por jornada por toda la mesa, pero que él no había presenciado ninguna transacción inusual, a pesar de que se sabe que él no cuidaba ni participaba de las tales reuniones, pues él no estaba presente ya en el local a esas horas. En la segunda entrevista, informó a los agentes ministeriales que, cuando volvieron Zauriel e Iván, “les impidió la entrada”, pues “daban mala imagen” y no quería que su negocio fuera afectado por mala reputación (esta declaración consta en el expediente judicial que se tuvo a la vista).
El caso es que, según los informantes, el taller volvió a sesionar este 29 de octubre, con cuatro personas (según información recabada, al taller asisten entre dos y cinco personas de modo ordinario). De acuerdo con la interpretación personal de las leyes aplicables, por parte de un experto en derecho penal, se expone la hipótesis de que el caso judicial aún podía continuarse con más diligencias, y desde ello tomar un sentido a partir de las dosis que pudieran ser encontradas, las cuales no debían exceder a las mínimas permitidas por la ley vigente para “uso personal”. Sólo en caso de la marihuana, no en la posesión simple de una dosis recreativa de metanfetaminas o fentanilo pues están completamente prohibidas por la Federación. Llegado ese momento, o bien se sujetarían a los aludidos a ‘debido proceso’, o se les declararía “el no ejercicio de la acción penal”. Éste último caso no significa, por ningún motivo, que los delitos no se hayan llevado a cabo, sino sólo únicamente que no se han podido o se pudieron comprobar en las condiciones que exige la ley. De momento, según el Derecho aplicable, se debería sostener la “presunción de inocencia” textualizada en el artículo 20, apartado B, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Mexicanos.
A pesar de que en algún momento del expediente se mencione que no se encontró antecedente de reporte de este presunto narcomenudeo al número de emergencias 911, lo cierto es que sí fue reportado al número de denuncias ciudadanas anónimas, el 089, siendo su número de reporte el 128737, el cual se realizó desde el mismo interior de la sede Valenciana, y cuyo contenido fue registrado por una elemento de la policía municipal que se encontraba en el interior de la sede, así como por un el miembro de seguridad interna del inmueble en turno. Hasta aquí el estado de la cuestión.