“Micro naturaleza muerta” es el trabajo de titulación que desarrolló Iliana Romero para obtener el grado de licenciada en Artes Plásticas por la Universidad de Guanajuato, bajo la dirección del Mtro. Luis Enrique Muñoz Alvarado, y cuyo examen fue sustentado el pasado 9 de noviembre. Su trabajo desarrolla una vinculación de la microscopia y la microbiología con las artes visuales y plásticas, bajo el concepto de bodegón, exaltando la materia orgánica y dándole una dimensión artística por medio de su manipulación y control en laboratorio. El interés por lo microscópico en Iliana tiene que ver con una búsqueda de los orígenes de la vida y del lugar de ésta en el universo. El interés por este proyecto surgió mientras cursaba una materia optativa en la división de Ciencias Naturales y Exactas de la UG. Allí se preguntó por la necesidad de relacionar la ciencia con el arte, conjugar ambas disciplinas aparentemente opuestas, pero que en su tesis tienen diversos puntos de similitud. La artista identifica la conexión entre ambas en que las dos son campos formativos que requieren la observación de la naturaleza, trabajan con sustancias, conllevan procesos de selección y requieren de disciplina, métodos de investigación y dedicación para lograr sus objetivos.
Los bodegones (también llamados “naturaleza muerta”) que ella propone reinterpretan el concepto tradicional mediante instrumentos visuales de la contemporaneidad para observar materia a nivel de una micra y convertirlos en objetos de arte. El trabajo, apoyado en investigadores de la comunidad científica, le hizo llevar este proyecto a buenos términos, mediante una metodología que incluye la estadística, el trabajo en laboratorio, la documentación fotográfica, la conservación en resina y otros procesos. Su interpretación del bodegón es el de uno creado por materia orgánica en descomposición, que integra materiales naturales, simples y cotidianos. Se inspira en trabajos previos como los del virólogo Antonie Bridier-Nahmias y las artistas Hilma af Klint y Helen Chadwick. Para desarrollar este proyecto la artista tuvo que ensayar mucho, con los consabidos errores, enfrentar muchas dificultades y aprender mucho, como, por ejemplo, a manejar software especial. Los primeros bodegones se realizaron con la técnica del uso de hisopo para tomar una muestra y sembrarla en agar nutritivo. Luego lo hizo sobre cortes finos de vegetales, carne, tela, insectos y corcho introduciendo una dimensión estética soportada en la caja de Peltri. Fueron apareciendo formas y texturas de enorme interés por su morfología. A partir de lo observado y documentado en las creaciones que iban apareciendo, se procedió a la creación de pinturas en formato circular, como nueva alternativa para un bodegón contemporáneo. Así, la mirada empírica condujo a una mirada y una reelaboración artísticas. Complementariamente, para un estudio de la percepción de su propuesta realizó una encuesta entre 112 individuos de un muestreo representativo de la ciudad, la cual percibió una garma variadísima de figuras en un mismo bodegón, lo cual nos da cuenta de la cualidad estética y abierta a la interpretación de la imagen.
La artista concluye que por medio de estas piezas efímeras ha logrado hacer arte con la ciencia como recurso principal, en una práctica libre y espontánea, donde cupo al mismo tiempo la improvisación como el control estricto, con la naturaleza siempre como adyuvante del proceso, pues fue ella que dio los pigmentos con sus bacterias y mohos. Iliana concibe al proceso mismo como el trabajo artístico en sí. “Cada pieza concebida en este proyecto, en su mayoría son una metáfora de la variación a la idea de la naturaleza, la vida, la muerte y las escalas que rigen el universo”, abunda. Con ello espera alentar que el científico pueda ver que existe arte en su trabajo, aunque éste pase desapercibido. Esta idea le da fuerza para seguir produciendo obra interdisciplinar, pues está segura de que todo el universo se relaciona y que siempre es mejor incluir que aislar.
Este trabajo se expuso en 2017 en Arte es Cultura del Área de Extensión de Conocimiento y en la sede Belén de la UG. Posteriormente, en 2018, fue llevado a la Feria de las Artes Universitarias en el Centro de Investigación Óptica en León y a la décima Muestra de Artistas Guanajuatenses. Ha sido comentado en una decena de medios digitales y en la revista Polen de la UG. Por último, una de sus piezas, “Caleidoscopio”, fue seleccionada y exhibida en el segundo premio Centro-Occidente “José y Tomás Chávez Morado”, en la categoría de pintura, también en 2018.
Hemos hecho unas preguntas a Iliana Romero sobre este trabajo y el bio arte en general.
1.- ¿Qué es el bioarte?
El bioarte es una expresión artística surgida en los años noventa debido al avance de la tecnología, como reacción a los descubrimientos de la ciencia y un sinfín de relaciones encontradas entre las ciencias biológicas y la expresión conceptual, teniendo muchas variantes que van desde el uso de instrumental científico, laboratorios ye experimentación en los propios cuerpos y las estructuras vivas con el objetivo de lograr una expresión artística en todas las variantes de las artes visuales, basados en soportes poco comunes. El artista brasileño Eduardo Kac acuñó el término en 1999 con el objetivo de explicitar los límites entre las ciencias y las artes, cuestionando las formas humanas y la vida en general.
2.-¿De dónde surge tu interés por desarrollarte en este campo?
Desde muy temprana edad, me he sentido atraída por las formas, los colores, la óptica y la luz, pero principalmente atraída por conocer la profundidad del universo microscópico y al mismo tiempo el universo visible. En la universidad tuve la oportunidad de entrar en un estudio de la microbiología y la degradación bacteriana, que fueron la génesis de mi trabajo de tesis, combinando materia orgánica e inorgánica, resultando un arte efímero con un soporte de cultivo en que el mismo paso del tiempo formó estructuras artísticas que en conjunto con la observación y la iluminación microscópica, la fotografía y el audio dan como resultado diferentes piezas que van de pintura mixta, la caja de luz y el video, en un concepto abstracto de la vida y de la muerte.
3.- ¿Cómo fue la respuesta de tus obras, producto de tu titulación, de la crítica y del público? Durante su exposición se observó asombro, extrañeza y muchas preguntas del público que parecía no estar familiarizado con estos conceptos. Sin embargo, en general, la respuesta fue favorable y me dio motivación para seguir realizando estos trabajos.
4.- ¿Qué otros proyectos de bioarte tienes realizados o en proceso?
Un proyecto reflexivo como gestadora de vida, desde un enfoque femenino, como un ser viviente y organismo pluricelular, dador de vida, a través de ciclos de actividad biológica, cuyo funcionamiento será parte de mi experiencia para explorar el yo femenino utilizando mi propia existencia como expresión estética, obteniendo como resultado un autorretrato biológico-emocional, de la cual resultarán piezas efímeras que plasmaré en las artes visuales.
5.- ¿Cómo ves el panorama del bioarte en el estado de Guanajuato?
El estado de Guanajuato, a través del tiempo, se ha caracterizado por su ideología tradicionalista y conservadora, resultando contradictorio que los principales cambios políticos e ideológicos del país se dieron en este territorio. Esto, aunado al carácter religioso de la región, ha encasillado a las artes visuales a la valoración clásica y tradicional, en donde el arte sacro goza de un lugar privilegiado y el bioarte como tal resulta algo novedoso e inimaginable. Por lo tanto, el campo de desarrollo es limitado en cuanto público. No obstante, al estar en una zona de gran riqueza cultural y natural, junto a la vida universitaria, las posibilidades de creación y difusión de obra se multiplican.




